Las flores avanzan intrusivas,
mientras los caminos se estrechan,
para afirmar la verdad de entre sus grietas:
"lo que es, es y no puede, no-ser".
Confabulan la intensidad de una canción,
el sentido apabullante de la verdad,
y en su mágico pero real desenlace aparecen:
los matices intensos de la humanidad,
el deseo de un personaje lleno de sinceridad
y el deseo de otro inmenso de mortalidad.
Y cerramos los ojos esperando los principios del amor,
y completamos el destino deambulantes de locura,
y soñamos con una pócima de esperanza para resarcir,
apenas la confabulación extraordinaria
de la mente.
Abrazamos, los dos, una locura,
y el encantamiento de la realidad
y el encantamiento de la probabilidad
y el encantamiento de la predistanación,
que hoy es una canción.
Como las almohadas a las fresas,
como las margaritas a las nubes,
como las sonrisas a un vendaval:
el descubrimiento es alegría,
la reflexividad es causa de:
la cancion de mi corazón,
la cancion de mi alma,
la verdad de mi corazón,
la verdad de mi alma.
Olvido cómo es el sentido de mis preguntas,
olvido cómo es el sentido del pasado,
olvido cómo es el sentido de las dudas,
para recordar la delirante ejecución de la mente,
sobre mis sueños,
sobre mis virtudes,
sobre mis intenciones,
respirando apenas,
durmiendo apenas,
hablando apenas,
de la locura de todos.
Se alborotan las flores,
con el salto a la verdad,
descansa al fin,
descansa al fin, sí.
descansa al fin como el sueño de una princesa.
pero yace viva la humildad,
pero yace viva la esperanza,
pero yace viva la bondad,
como el canto a la desesperación,
como el baile a la ansiedad,
como el deseo a la obsesión.